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A sus 19 años, Carolina Guerra dejó de mostrar su cuerpo en las pasarelas, afiches y revistas, para poner la cara ante toda América Latina. Ahora es imagen de Rock Dinner, uno de los nuevos programas de MTV para Latinoamérica.   

     
       
 

Tenia apenas 18 años de edad y se había recién graduado del colegio cuando ganó el concurso para representar a su  Bogotá natal, en el Concurso Nacional de la Belleza de Cartagena de Indias, donde todos los años se elige a la mujer más bella de Colombia que representa al país en Miss Universo. 

Un cuerpo tonificado, un tono de piel envidiable y una pasarela limpia y segura así definieron los expertos la salida de la reina que recibió como premio un automóvil, prendas de oro y diamantes, además unos 10 mil dólares y por supuesto la representación en Cartagena.

Tras la noticia, muchos medios publicaron fotos de la reina, entre ellas unas anteriores en las que aparecía Carolina semidesnuda y en top les,  correspondiente a una campaña publicitaria que había realizado en Panamá. El concurso no permite que sus participantes hayan posado semidesnudas o desnudas previo al certamen y por esa razón no pudo participar en el reinado de belleza.

De esta forma salió a la luz pública esta espectacular joven que se perfila con un futuro polifacético y promisorio. Desde entonces se dedica a la actuación, es presentadora de televisión y empieza a incursionar en música ya que también le sobran cualidades para cantar. 
Los que creyeron que en el 2006 habían descubierto a una actriz con mucho futuro en Sin tetas no hay paraíso, no estaban errados. El ventilador, producción del canal Caracol, le permitió al público descubrir a la que será, sin duda, la nueva figura de la televisión latinoamericana.

A sus 19 años, Carolina Guerra dejó de mostrar su cuerpo en las pasarelas, afiches y revistas, para poner la cara ante toda América Latina. Ahora es imagen de Rock Dinner, uno de los nuevos programas de MTV para Latinoamérica. 

Sigue viviendo en Bogotá pero su nuevo trabajo le implica viajar mucho. Desde las oficinas de MTV en Miami, donde estaba discutiendo la posibilidad de hacer una segunda temporada de Rock Dinner. 

“Son cosas como esas solamente muestras tus cualidades físicas. Pero cuando ya se trata de lo intelectual o de desarrollarse dentro de cierto ámbito laboral, creo que me siento completamente identificada con MTV por edad,  por gustos, por personalidad.

"Estoy en el momento propicio y como no se puede pensar como un proyecto a corto plazo tengo que trabajar, pues el comienzo en la música es duro". Y también surgen nuevas ofertas para seguir actuando y aunque cree que no es un lío mezclar canto y actuación, Carolina sabe que en este tiempo en el que la vida le ha cambiado los planes de repente y le ha puesto uno tras otro, es también momento de sentar cabeza, a sus 19 años, por lo que no se saca de su mente el canto y creemos que tampoco la actuación... Será, talvez, una próxima Shakira. No lo dudamos ni un segundo porque lo que Caro quiere, Caro lo consigue.

El periodista y escritor de la revista Cromos de Colombia, Eduardo Escobar, habló con Carolina en una maravillosa tarde bogotana, en la que la talentosa joven revelo detalles que todos querían saber sobre su ascendente carrera.

Desde niña hubo en su casa estímulos intelectuales a montones. Por eso ama el rock, y la música latina, sobre todo. Queen y los Beatles. Cree en un Dios vivo. No comprende bien el Dios institucional de las burocracias de la Iglesia. No es católica militante. Del catolicismo la apartan su fe en la reencarnación. Y que está de acuerdo con los matrimonios homosexuales, aunque le cuesta comprenderlos. Y con el aborto, en circunstancias extremas.

En últimas, dice con la filosófica inteligencia heredada del padre, hay un montón de cosas frente a las cuales uno siempre estará confundido.

Frente a las cuales uno debe esforzarse por ser razonable y ecuánime y ejercer la generosidad en cuanto pueda para no equivocarse por completo.

Entre las admiraciones intelectuales de Carolina Guerra, por extraño que les parezca, está el Che Guevara. Como figura romántica?, le pregunto. No. Para ella es más que un símbolo, un hombre real y ejemplar. Entonces, mientras dice su confesión, Carolina Guerra me parece mucho mayor de lo que aparenta. Un espíritu sesentero. Y más, cuando me cuenta que en el altar de sus amores figuran junto al Che Guevara, John Lennon y la estridente Janis Joplin.

Pero es la madre la mujer que más influencia tiene sobre Carolina Guerra. Diseñadora, es una mujer impresionante. Dice. Puro instinto maternal. Una mujer transparente y fuerte.

Cómo iba a saber Carolina Guerra que cuando se le apuntó a ese reinado en Cartagena el camino iba a llevar la a la actuación en un proyecto tan importante como El ventílador. Cómo iba a saber que abandonaría sus estudios para siempre porque las jornadas de grabación son extenuantes. Mierda. Dice. Y pide perdón por la expresión. Mierda. Repite. Pero, ¿quiere que le confiese una cosa? Sobre todas las cosas, lo que yo quiero es cantar. Y después de cantar, casarme, y tener unos hijos que me dejen seguir cantando. Ya tiene adelantadas algunas canciones armadas con la ayuda de compositores amigos de Miami y de Buenos Aires. Y el novio.

Las películas que más la han impresionado en su vida son El resplandor, con Jack Nicholson. Y Ciudad de Dios, esa joya del cine brasileño. Pero la película que más le gusta recordar es la de su infancia feliz, vestida de hombrecito, quizás porque su papá el filósofo quería otro hijo varón, y motilada como un hombrecito. Un hombrecito muy bien compuesto, además, que se ganaba todas las copas e izaba todas las banderas en el colegio hasta que se le atravesó la indisciplina de la aventura y el modelaje, las malas calificaciones y los tropiezos de su carrera. Para los optimistas, como ella, caer no es más que una manera de volar.

Carolina Guerra está orgullosa de su profesión maravillosa, satisfecha de vivir el mundo prodigioso de la publicidad, la televisión y las pasarelas. Es sociable. Aprendió a hacer amigos porque su mamá siempre estaba cambiando de casa y de barrio y cada tanto se veía obligada a hacer amigos nuevos y a conquistar nuevos espacios.

A veces reza, no las oraciones canónicas. Más que pedirle a Dios le agradece, siguiendo tal vez la recomendación de Santa Teresa, quien afirmaba que había muchas lágrimas a causa de las oraciones atendidas. No se desnudaría en una revista ahora cuando todas las muchachas bonitas se empelotan por todas partes. Si ves mis trabajos más atrevidos, hay mucha piel, pero jamás un pezón, por ejemplo, nada que publique mi intimidad. Me falta el entusiasmo para hacerlo. Yo le digo que es injusta con nosotros en un mundo ansioso de revelaciones.

La tarde bogotana es azul. Carolina Guerra vuelve al principio de nuestra charla. Al pequeño incidente de tránsito mientras se afanaba por cumplirme la cita. Y yo me doy cuenta de que ha llegado la hora de despedirnos. Para no caer en las trampas cíclicas del tiempo. Y porque todo encuentro, como dijo un poeta español del siglo pasado, palabra más, palabra menos, es el comienzo de una despedida.

No se desnudaría en una revista ahora cuando todas las muchachas bonitas se empelotan por todas partes. Si ves mis trabajos más atrevidos, hay mucha piel, pero jamás un pezón, por ejemplo, nada que publique mi intimidad. Me falta el entusiasmo para hacerlo.

 
     

 

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