Enfoque
Qué hubo
Actualidad
Reportaje
Que nota
Primer plano
Portada
Gente
Cine
Belleza
Opinion
Entrevista
A qué sabe lo latino
Horóscopo
 
 
 

 

1
       
 

El cambio de temperaturas que supone la llegada del verano exige modificar ligeramente nuestra dieta, para adaptarla a nuevas necesidades nutritivas. Una alimentación sana y equilibrada es fácilmente compatible con el sol y el calor si seguimos una serie de pautas básicas. Y es que el efecto inmediato del calor es la deshidratación del organismo. La subida del mercurio de los termómetros exige, principalmente, una dieta con alto contenido en agua y fibra, que permita mantener nuestro cuerpo hidratado, limpio y nutrido.

Las ensaladas constituyen también un aliado fundamental en estas fechas. Frescas y deliciosas, son el mejor modo de alimentarse y refrescarse durante una intensa jornada estival. De escarola, lechuga, pepino, tomate, col, lombarda, remolacha, zanahoria, berros, rúcula, coliflor... las posibilidades que ofrecen las verduras y hortalizas para elaborar ensaladas son ilimitadas.

Si queremos que nuestra piel esté bronceada e hidratada, podemos recurrir a los betacarotenos que contiene la zanahoria (y, en general, todas las verduras y hortalizas que tienen color rojo, amarillo, naranja o verde muy oscuro). Si a estos combinados, les añadimos proteínas en forma de pollo, queso, huevo o atún, tendremos un alimento completo.

El pescado azul puede ser el complemento perfecto para una comida suculenta. Su proteína de alta calidad se combina con ácidos grasos esenciales para el organismo que ayudan a regular el nivel de colesterol.

 

El sol intenso obliga a tener un organismo bien hidratado que sea capaz de soportar las altas temperaturas. Para ello, no sólo debemos tener una dieta rica en productos frescos, sino que hay que ingerir líquidos constantemente.  Dos litros de agua es una cantidad ideal para poder soportar los estragos del calor, aunque siempre existen otras bebidas más atractivas con las que complementar el consumo de agua. Por ejemplo, los zumos, que poseen gran cantidad de vitaminas y minerales, no son calóricos y están deliciosos. Por su parte, el té helado con limón y los sorbetes también contribuyen a una buena hidratación del cuerpo, sin tener que preocuparse por las calorías.

El mejor postre refresco del verano es la fruta. Con alto poder saciante y muy rica en agua, fibra, minerales y vitaminas, se trata de una buena ayuda en los regímenes hipocalóricos, pero también para hidratarse durante los meses de verano.

Para aquellos que puedan disfrutar de la gastronomía en toda su variedad, les sugerimos disfrutar de deliciosos platos fríos, refrescantes y nutritivos, para saborear el verano tal y como se merece. Las ensaladas de patata y ensaladillas rusas son uno de los platos preferidos para esta época, aunque tendremos que tener cuidado con la mayonesa. Su valor energético es bastante alto y puede ser fuente de intoxicaciones si no se conserva bien.

Asimismo, las ensaladas de pasta y arroz, los huevos rellenos y tortillas, cócteles de marisco y pescado y el melón con jamón son otras opciones saludables para disfrutar de platos ligeros, equilibrados y refrescantes.

 
     

 

1    
 

 
 
 

 
 Revista latina en España Que Hubo- © Copyright Webmaster: www.revistaquehubo.com

Derechos reservados: revista ¡Que Hubo !