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Ante un abogado y un intérprete, un policía entrevista a los no admitidos para dar formalidad a la causa por la que han sido "rechazados en frontera".

   
       
 

Ell aeropuerto Barajas de Madrid es la última frontera para los inmigrantes procedentes de América Latina que llegan a España en busca de un futuro mejor. Sin embargo cada día son más los latinoamericanos que ven frustrados sus sueños al serles denegada la entrada al país.
Y es que debido a la presencia de unos dos millones de latinoamericanos radicados en su territorio, las autoridades de la madre patria han decidido restringir la entrada de personas que puedan terminar engrosando la lista inmigrantes.
 
La denegación de entrada en España a argentinos, brasileños, chilenos, centroamericanos, uruguayos y venezolanos aumentó en el primer trimestre de 2008 respecto a 2007, mientras que descendieron las no admisiones de pasajeros de Bolivia y Paraguay, y se mantuvieron las de colombianos.

El Grupo de Fronteras del Aeropuerto de Barajas de la policía española,  en 2007 tramitó más de 18.000 expedientes de no admisión de viajeros y gestionó más de 2.500 solicitudes de asilo.

Comparando ambos trimestres, destaca el descenso de viajeros bolivianos tras la imposición de visado, desde el 1 de abril de 2007, ya que entre enero y marzo del año pasado fueron rechazados en Barajas 3.307 bolivianos, frente a los 12 de 2008.

Han descendido también los pasajeros y los no admitidos paraguayos en el aeropuerto, pero ha aumentado el rechazo de brasileños (unos 400 el pasado año y más de 1.000 en 2008) sin que haya variado la cifra de viajeros.

También se ha incrementado el número de no admitidos uruguayos, que han pasado de 20 en 2007 a 80 en 2008, con un incremento de los viajeros del 25 por ciento.

Además es destacable el ascenso de los viajeros procedentes de Guatemala, Honduras y El Salvador, que han duplicado sus llegadas a Madrid con un importante incremento del número de no admisiones.

El control de los pasajeros en Barajas corre a cargo de unos 400 policías que integran el Grupo de Fronteras. Desarrollan cuatro controles, que se inician con el API (Información Avanzada de Pasajeros), un sistema en el que se cruzan los datos de viajeros de las compañías aéreas con los policiales.

Es un método "muy eficaz", según el responsable de Fronteras y que permite localizar a personas con busca y captura.

A pie de avión, el Grupo de Control de Vuelos hace el primer control a los viajeros, principalmente a los tránsitos, para detectar pasaportes y visados falsos y luchar contra la inmigración ilegal.

 

 

 

 

 

 

En los "filtros de pasaportes" se efectúa un nuevo control, mucho más exhaustivo para los viajeros que no pertenecen a la UE que para los comunitarios.

Según el Jefe de Filtros, se les pregunta sobre los motivos de su viaje, sobre su disposición económica para costear la estancia, se comprueba si tienen carta de invitación si es necesaria y billete (ticket) de ida y vuelta, entre otros requisitos necesarios para acceder al territorio europeo Schengen.

En caso contrario son conducidos al Grupo de Rechazos, a donde llegan todos los pasajeros no admitidos en los controles anteriores para tramitar su expediente de expulsión.

Ante un abogado y un intérprete, como establece la Ley de Extranjería, un policía entrevista a los no admitidos para dar formalidad a la causa por la que han sido "rechazados en frontera".

El pasajero es puesto a disposición de la compañía con la que llegó a Madrid, responsable de su transporte al punto de origen del trayecto,  durante la espera, los viajeros permanecen en la denominada "sala 3".

Si se superan las 72 horas de espera se pide a un juez una orden de internamiento. Además, el viajero tiene la opción de adquirir un billete con otra aerolínea para regresar antes.

El Grupo de Rechazos también gestiona las peticiones de asilo y comunica estas solicitudes a la Oficina de Asilo y Refugio, que cuenta con un plazo de 72 horas para aceptarlas o no. Tras este período se abre la posibilidad de recurrir la respuesta en el caso de ser negativa.

ONGs, Asociaciones de inmigrantes y gobiernos como el de Brasil (que el mes pasado decidió no dejar entrar tampoco españoles a su territorio en respuesta al trato que reciben sus ciudadanos en Barjas), cuestionan el comportamiento de España y califican sus controles de desproporcionados ya que cada día aumentan las denegaciones de entrada al país.  

El control de los pasajeros en Barajas corre a cargo de unos 400 policías que integran el Grupo de Fronteras. Desarrollan cuatro controles, que se inician con el API (Información Avanzada de Pasajeros), un sistema en el que se cruzan los datos de viajeros de las compañías aéreas con los policiales.

 

 
     

 

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