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Me encontré recientemente con Ramiro y Felipe, dos amigos colombianos
que llevan en España 14 y 9 años respectivamente. Tenía aproximadamente
ocho años que no los veía ni sabía nada de ellos. Por eso fue inevitable
aprovechar el encuentro para tomar café en un bar de la zona, mientras
hablábamos emotivamente de nuestras vidas, especialmente de los comien
zos, cuando llegamos por primera vez a España.
Ramiro recordaba que la situación de los extranjeros en España cuando nos conoció en
el 2000, ya era muy diferente a cuando él había llegado en 1995. Y desde luego, nada
comparable con la actualidad.
“En la época que yo llegué no habían tantos extranjeros y donde íbamos acaparábamos
la atención (en el buen sentido de la palabra), además todos nos habrían las puertas y no
había persecución de la policía por el tema de los papeles.
En el 2000 se pusieron difíciles las cosas para los inmigrantes ya que las autoridades
endurecieron las normas y en algunas encuestas oficiales la inmigración aparecía como
uno de los temas que preocupaba a ciertos sectores de la sociedad española.
Y actualmente es que al inmigrante no se le deja en paz en ningún momento. Si uno va
por la calle en coche o a pie, la policía lo para, si está en la parada del autobús, el metro
o va por carretera, si se encuentra a un policía lo más seguro es que le pida los papeles.
De igual forma si esta en el trabajo allí le cae la inspección, el caso es que las autoridades
tienen al inmigrante en la mira.
Felipe corroboraba lo expresado por Ramiro pero analizaba algunos engaños y desen
gaños frecuentes que sufren los inmigrantes. Y es que el inmigrante cuando no tiene
los papeles cree que la le marginan por eso, sin embargo una vez obtiene el permiso de
residencia se da cuenta que este sólo le sirve para que no les expulsen y trabajar. En lo
extranjero. En muchos sectores del comercio se le trata con desconfianza o sencillamente
lo rechazan cuando busca piso, al escuchar su acento.
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Todo eso es cierto. Pero la conversación no terminaba allí. Y así como hablaban de la
evolución del trato a los inmigrantes en los últimos en España, también analizaban la
situación de Colombia, y aunque reconocían algunos avances del país, coincidían en que
aún no estaban dadas las condiciones para volver.
Y es que tanto Felipe como Ramiro tienen pensado volver a Colombia aunque están
seguros que cuando eso ocurra, van a echar de menos a España porque es un país en el
ya se sienten integrados.
“Aquí tengo mi mujer, muchos amigos, además me he acostumbrado a la comida de este
país y a muchas cosas más, pero es que desde que salí de Colombia me prometí a mismo
volver porque allá tengo mi familia que para mi lo es todo”, decía Felipe.
Entre tanto Ramiro nos decía que cerca quince años en España marcaban mucho a al
guien cómo él, que se considera un amante empedernido de los buenos vinos, los quesos
y el jamón. “Me gustaría volver, pero no sé si cuando vaya me acostumbrarme a la vida
de Colombia. Yo aspiro a por lo menos intentarlo”.
Es evidente que ha ambos les pesará tanto quedarse en España como marchase a Colom-
bia.
Es una consecuencia común en los inmigrantes con el paso de los años. Terminan por no
sentirse completamente a gusto en ninguna parte, siempre hay algo que echan de menos
o que les hace falta. Y lo que ocurre es que las costumbres de origen nunca se borran de
la memoria aunque la persona empiece una nueva vida en mejores condiciones. |
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