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l presidente del Partido Popular y candidato a la presidencia de España, Mariano Rajoy si gana en las próximas elecciones del 9 de marzo, modificará la Ley de Extranjería para darle un manejo un poco diferente a la inmigración, de como la ha venido llevando hasta ahora el gobierno del presidente José Luís Rodríguez Zapatero quien aspira a ser reelegido.
Entre sus propuestas se destaca un polémico “contrato de integración” en el que los extranjeros se comprometerán bajo firma a respetar las leyes y costumbres de España y el Estado a darle un trato igual que los ciudadanos españoles.
Rajoy apuesta por una inmigración controlada y cualificada en la que habrá preferencia para quienes compartan identidad cultural o lingüística, como los latinoamericanos. Impondrá un bisado por puntos en el que se valorará la formación del inmigrante antes ser contrato para venir a trabajar en España.
Para complementar la mano de obra que requiere España del exterior, suavizará la reagrupación familiar permitiendo que el reagrupado pueda trabajar de inmediato.
En cuanto a controles Rajoy obligará a las compañías aéreas a informar sobre los pasajeros que no utilizan el billete de regreso porque se quedan en España. Así mismo cancelará las ayudas al desarrollo de los países emisores de inmigrantes que no colaboren en la lucha contra la inmigración ilegal. Por otra parte promete expulsar del país, independiente si tenga papeles o no, a todo inmigrante que delinca.
En inmigración ha dicho que quiere integración y legalidad. ¿Qué pasará con las personas sin papeles?
–La inmigración es el fenómeno más importante que se ha producido en estos últimos años y en España, además, de manera vertiginosa. Puede ser una gran oportunidad, pero si las cosas no se hacen bien puede convertirse en un gran problema. La política del Gobierno ha sido la del avestruz: esconder la cabeza debajo del ala, no hacer nada y decir que todo va muy bien. Sobre la bolsa de inmigrantes sin papeles, en la ley hay procedimientos previstos para que esas personas puedan regular su situación. Está la vía del arraigo, el empadronamiento y también la expulsión. Por tanto, se estudiará cada caso de manera individual.
¿Cree que existen problemas de integración?
Ya hay algunos, pero, sobre todo, lo importante es adelantarse a los acontecimientos. Es mejor prevenir que curar. Europa tiene más experiencia que nosotros y alguna de esas experiencias no es precisamente ejemplar. La integración es fundamental y, por eso, yo he propuesto un «contrato de integración» que ya se ha debatido en la UE y que está en funcionamiento en cuatro países.
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Pero aquí, a diferencia de países como el Reino Unido o Francia, la mayor parte de la inmigración es iberoamericana y comparte la cultura, especialmente la lengua.
Y eso es una suerte que tenemos. Pero también hay importantes núcleos de población musulmana o del este de Europa. Y en cualquier caso, creo que tiene mucho sentido que las personas que quieren un permiso de residencia, por el que se les reconoce unos derechos, también tengan unos deberes, los mismos que todos los españoles. Que un señor que viene de Mali o de cualquier otro país africano se comprometa por escrito a asumir que no es admisible la mutilación sexual, la poligamia o los matrimonios de conveniencia es un primer paso para que se integre en la sociedad que le recibe.
Pero la ley ya dice cuáles son los deberes y obligaciones y prohíbe esos comportamientos
La tesis de la izquierda es que no hay que hacer nada porque todo está muy bien y lo que está mal es irremediable. Pero es importante hacer pedagogía y que los que vienen de fuera conozcan con ese contrato lo que no pueden hacer, asuman un compromiso y sepan que si no respetan los valores propios de nuestra democracia, como la igualdad de la mujer, serán expulsados.
¿Por qué piensa que la oposición en España es más reacia que en otros países a este tipo de propuestas? En Estados Unidos
Ni en el Reino Unido ni en Francia ni en Bélgica ni en Holanda ni en Alemania. Aquí lo que pasa es que el Gobierno no tiene política de inmigración y cuando alguien hace una propuesta en lugar de considerarla la demoniza. La política de Rodríguez Zapatero es la combinación de la ausencia de ideas y la agresión constante al que plantea algo. Para él todo está bien y no hay nada que hacer.
¿Cree que la «mano dura» en inmigración le ayudará a capitalizar votos en determinados sectores de la población?
–Yo no entro en cálculos electorales. Mi propuesta beneficia a la gran mayoría de los extranjeros que han venido a España a ganarse la vida de manera honrada. Soy gallego y sé de primera mano que muchos gallegos emigraron en su día cumpliendo las leyes y aceptando las normas de convivencia del país al que iban. La política que defiendo sólo es mala para las mafias, igual que mi propuesta de expulsar inmediatamente a quien cometa un delito, aunque tenga permiso de residencia, sólo es mala para los delincuentes.
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