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R adamel Falcao García tiene mu
chas cosas curiosas en su carrera
profesional. Es colom-biano, nacido
a orillas del mar Caribe, en Santa
Marta, pero criado en la altura y
el frío de Bogotá. A esa mezcla de culturas se
suma la argentina, en la que se crió desde los
14 años, cuando dejó Colombia y se integró a
las divisiones menores de River Plate.
Es el nuevo ídolo del fútbol suramericano,
gracias a sus goles con River y la Selección
Colombia. Por eso los equipos europeos no le
quitan la mirada.
“Paso por un buen momento en el club. Estamos haciendo las cosas bien en River y hay
que seguir haciendo lo mismo en la selección.
Todos los que estamos acá venimos con esa
men-talidad para dos partidos importantes en el
comienzo de la eliminatoria”, dice.
Falcao prác-ticamente nunca jugó partidos
importantes en Colombia. Hijo de Radamel
García, un recio zaguero que actuó en la década
del 80 en Santa Fe, Junior y Unión Magdalena,
hizo las divisiones inferiores en Millonarios y
luego pasó a Fair Play, un equipo aficionado
dirigido por el argentino Silvano Espíndola.
Aterrizó en Buenos Aires soñando con volverse
ídolo, con ver su foto en las tapas del diario de
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portivo Olé y de la revista El Gráfico. A pesar
de la ilusión, las primeras noches bonaerenses
fueron largas, eternas. El frío era asesino y el colombiano no lograba adaptarse a esa
ciudad enorme y llena de extraños. Del
hotel en el que vivía con sus compa ñeros de la octava división, salía en
las mañanas a entrenar. Y del entre-namiento volvía directo al hotel, una y
otra vez.
Los años pasaron y su nombre se hacía
cada vez más frecuente en las listas
de los posibles debu-tantes del primer
equipo de River. Pero jugadores reconocidos como ‘el Burrito’ Ortega y
‘el Muñeco’ Gallardo llegaron desde
Europa para reforzar el ataque. En ese
momento se sintió más lejos que nunca
del profesionalismo.
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Debutó un mes y medio después. El
resultado: siete goles en siete partidos y el reconocimiento de la gente: “¡Grande colombiano!”, le gritaban los
de River por la calle. “Maldita gallina”, le respondían los seguidores de su
archirrival, Boca Juniors.
En su formación está el toque caribe de
su padre, aunque él evitaba los goles y
Falcao los marca, y seguido. También
el argentino, por siete años de vida en
Buenos Aires. Pero además hay que
sumarle un aire brasileño: el de su
segundo nombre. “Por ahí los grandes jugadores en el
ámbito mundial influyen mucho en
nuestra for-mación. Mi papá me puso
así por Paulo Roberto Falcao, el jugador brasileño, y eso también por ahí
tiene que ver con mi vocación”, explica
Radamel.
Hace dos años, Colombia ganó por
segunda vez en la historia el Sudamericano Sub-20. Ahora con apenas 21
años hace de la delantera completa
de la selección de mayores que busca
clasificarse al mundial de Sudáfrica
2010 : Hugo Rodallega, que en ese enfrentamiento hizo cinco goles, Wason
Rentería y Falcao. El primero está en
el Necaxa de México y el segundo, en
el Estrasburgo de Francia.
Falcao, aclara que no es el salvador ni
que el futuro de la selección depende
sólo de él, pero la gente vive pendiente
de sus jugadas, de sus goles porque
para nadie es un secreto que la nueva
estrella del fútbol en Latinoamérica.
“Acá no estamos dependiendo de un
solo jugador ni hay nadie indispensable. Hay buen material y esperamos que
todos podamos aportar para conseguir
los objetivos que nos hemos trazado”.
Lo siguen de cerca en Argentina, lo
miran en Colombia, y en Europa se
interesan mucho por él. Falcao sabe
que está haciendo el curso de ídolo.
“He sentido el apoyo de la gente y de
los medios de comunicación. Eso me
da mucha alegría, porque la gente está
siguiendo mi carrera, y más ahora que
tenemos muchas posibilidades”.
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